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Foto: J. Gerardo Meneses C /Quadratín Tlaxcala

Minerva Hernández regresó a sus orígenes en mitin perredista

J. Gerardo Meneses C /Quadratín Tlaxcala
 
| 15 de abril de 2018 | 11:40
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TLAXCALA, Tlax., 15 de abril de 2018.- Con la visita a Tlaxcala de Miguel Granados, Presidente Nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD), al parecer la más feliz fue la panista Minerva Hernández Ramos, sus genes del sol azteca se revelaron, y aunque llegó tarde al evento en el que estuvieron los candidatos federales al Congreso de la Unión de la alianza Por México al Frente, la aspirante a Senadora no dejó de sonreír y disfrutar la visita de quien bien pudo ser su líder nacional.

Y es que, para nadie es desconocido que Hernández Ramos inició en esto de la política hace ya casi 20 años, precisamente en el PRD, militando al lado de quien fue su líder y padre político, el exgobernador Alfonso Sánchez Anaya, primero como funcionaria del aliancista gobierno estatal que le arrebató la administración estatal al PRI, y después como Legisladora federal.

Es cierto que ya antes había sido integrante de la burocracia estatal, pero su persona comenzó a hacerse presente cuando ocupó la Secretaría de Finanzas del estado, ya que fue ahí donde puso en práctica lo que le dejó el paso por las aulas del extinto Departamento de Comercio de la Universidad, y también quizás fue en ese gabinete donde empezó a gestar la posibilidad de ser representante popular sin importar sus cambios de ideologías y sus declinaciones políticas.

Tampoco son desconocidos sus bandazos partidistas y cambios de liderazgos, con tal de seguir en la nómina y cobrando del erario.

Entre el 2003 y 2006 fue muy sonado en la prensa nacional, cuando como Diputada Federal del PRD, promotora en aquel entonces de Andrés Manuel López Obrador, pasaba por la caja del gobierno panista de Héctor Ortiz, a donde trascendió que como diputada federal del PRD cobraba una mesada que le era dada como ayuda para sus trabajos de gestión.

Sin embargo, fiel a su costumbre, una vez siendo candidata del PRD, cada vez que pudo acusó al gobernante que la había apoyado con 20 mil pesos mensuales, de supuestos actos de corrupción que nunca pudo comprobar.

Hoy el destino la une a HIOO por la alianza que su Partido hizo con el PAC, y en el cinismo total que da el brincar de puesto en puesto y de partido a partido, se deja levantar la mano, va a las fiestas familiares y hasta se hace acompañar de a quien por algún tiempo consideró un mal gobernante y hasta un disco compacto le dedicó.

Pero al parecer, su carrera de traición empezó con el parricidio hacia Alfonso Sánchez Anaya, con quien en fórmula alcanzó un escaño en el Senado y ahora, dicen los que saben, no lo puedo ni ver.

Luego abandonó al PRD para irse al PAN, dejando a gran parte de la militancia del sol azteca colgada de una fallida campaña que nunca prendió en busca de la gubernatura de Tlaxcala en el 2010.

Y como las ideologías parecen importar poco a la hoy candidata, a pesar de ser ya panista, trabajó durante los primeros años del gobierno priísta de Peña Nieto como subprocuradora de la Procuraduría de la Defensa del Contribuyente.

A pesar de esto, cuando llegó a la Cámara de Diputados por la vía plurinominal, ahora bajo los colores del PAN y al parecer apadrinada por el entonces presidente Gustavo Madero, no se cansó de denunciar desde San Lázaro supuestos actos de malos manejos financieros de la administración priísta para la cual había trabajado durante tres años. Una vez más a escupir pa’rriba, como dijeran en mi pueblo.

Y ahora, nuevamente se le presenta la oportunidad de ser legisladora federal, y aunque primero descalificó a quien sería su compañero de fórmula, hoy lo tiene que aguantar y trabajar con él de la mano, ya que sabe que si quiere ser Senadora, necesita del empuje y de los votos de Gelacio Montiel para no salir de la nómina.

Y aunque Montiel Fuentes es el que negocia, planea y se ha echado la campaña al hombro, parece que a Minerva poco le importa, pues sabe que en nuestra democracia, aún con una mala campaña, ella puede llegar a estar en la Cámara Alta del Congreso de la Unión como una primera minoría.

Pero como en esta vida todo parece ser un círculo el sol azteca que ayer ella abandonó, hoy la respalda.

Eso para Mine no parece ser problema, sobre todo porque aunque se presenta como blanquiazul ante los electores, en realidad parece que por su sangre sigue corriendo la sangre negro-amarilla, esto sin contar su espíritu que como su trayectoria política lo demuestra, al parecer está hecho para traicionar.