Presentan en Palacio de Justicia el libro Con toga y a lo feminista
Era un aventurero. Hijo de Jerónimo Picaluga, había nacido en Boccadesse en el actual barrio portuario genovés de Albaro; su madre era prostituta del mismo barrio de manera que alineando las coordenadas genealógicas, Francisco Picaluga era un hijo de puta.
Se crió en la marinería y llegó a ser capitán segundo de la marina mercante y más tarde pudo adquirir su propio barco, el Colombo con el cual se dedicó al tráfico de mercancías entre Guayaquil, perteneciente entonces a la Gran Colombia y Acapulco, México.
Arribó a este último puerto a mediados de 1830 y para entonces debía al fisco mexicano alrededor de dos mil pesos por concepto del impuesto por el transporte y desembarco de mercancía. El presidente Anastasio Bustamante y su Ministro de Guerra, José Antonio Facio se propusieron chantajear al genovés con motivo de ese adeudo y lo convencieron de apresar a Vicente Guerrero y entregarlo a las autoridades.
Guerrero, desplazado de la presidencia por Bustamante había vuelto a la sierra, su medio natural y desde allí, nuevamente como guerrillero, era considerado un riesgo para la inestable constitucionalidad del gobierno.
Picaluga en principio se negó pero acabó aceptando el trato que incluía, además de la cancelación de su adeudo con el fisco, el pago de cincuenta mil pesos en oro. Vicente Guerrero fue invitado a comer a bordo del Colombo pero al subir fue apresado, conducido a Huatulco y allí fusilado.
El pueblo mexicano no perdonó la traición de Picaluga y se llegó a acuñar la expresión picalugada como un sinónimo de traición. Tanto en México como en Italia fue considerado un bandido y en Génova se le condenó a la pena capital.
Como nunca fue detenido ni juzgado por su acción, Francesco Picaluga, quien gracias al soborno de cincuenta mil pesos se convirtió en un hombre inmensamente rico, permaneció algunas semanas en México y luego desapareció.
Surgieron versiones y leyendas; algunos dijeron que se marchó a Palestina donde ingresó a un convento; otros lo situaron en Esmirna, Turquía y hubo quien afirmó que se había establecido en su natal Génova.
Pero el asesino de Vicente Guerrero jamás salió de nuestro país. Una investigación de un desconocido ingeniero de Minas, Amado Aguirre, concluida noventa años después, en 1921 da cuenta de que Picaluga, una vez cobrados los cincuenta mil pesos oro viajó a San Blas y de allí se dirigió a Tepic donde, con el falso nombre de Juan Pazador, supuestamente español, se casó con una joven llamada Cruz Flores. La pareja se estableció luego en Mazatlán donde Juan Pazador abrió una gran casa de comercio. En 1857 la esposa de Pazador heredó de su hermana un gran capital que Picaluga-Pazador invirtió en la industria de Palo de Brasil.
Por ese entonces sobrevino una crisis en los mercados europeos del palo de Brasil (un anticipo de la actual tecnocracia neoliberal) y el negocio fracasó.
La acuciosa investigadora periodística Bertha Hernández nos cuenta en la edición del 26 de febrero de 2017 del diario La Crónica, que “abrumado por la ruina Francesco Picaluga (a) Juan Pazador se suicidó el 29 de marzo de 1859 pegándose un tiro y dejando a su familia en la miseria”.
En cuanto al autor intelectual del asesinato, el vicepresidente Anastasio Bustamante este inicia el conservadurismo en el gobierno de México; cesa a empleados que no le son incondicionales, destierra a los principales miembros de la logia de los yorquinos; expulsa del país al embajador estadounidense, manda apalear a periodistas y crea la policía secreta. La prensa clandestina lo llama Brutamante pero él, con su proceder se gana las simpatías del alto clero y del partido masón escocés.
Otro aspecto importante en su gobierno fue la recentralización a la que somete al país. El intento de eliminar varios gobiernos estatales le creó más enemigos, incluyendo a muchos de los que habían firmado con él el Plan de Jalapa, como Santa Anna.
Las protestas en su contra, así como los levantamientos armados, se recrudecen. Aparte de reprocharle sus actuaciones políticas y la dureza en la represión de sus opositores, es acusado del asesinato del expresidente Guerrero.
Finalmente, en 1833 se ve obligado a ceder el poder a Santa Anna al comprobar que su situación era insostenible.
Tras participar en la guerra de Texas es impuesto por Santa Ana como presidente por segunda vez y lo es una vez más en 1839.
Después de esto ocupó cargos sin importancia y murió en San Miguel de Allende el 6 de febrero de 1853.