Presentan en Palacio de Justicia el libro Con toga y a lo feminista
Filósofo, poeta, editor, periodista y combatiente, es considerado el primer héroe de la Revolución Mexicana. Aunque de familia acomodada, trabaja como estibador, obrero, leñador y minero; colabora en Regeneración y El Hijo del Ahuizote; edita en Estados Unidos sus propios periódicos como Punto Rojo, Alba Roja y Revolución. Se adelanta a Madero y muere en uno de los primeros combates de la Revolución. Su nombre, Praxedis Guerrero Hurtado, es deliberadamente ignorado por la historia oficial (y mucha de la no oficial): era anarquista. ¡Uy, que mello!.
En 1901 es integrado a la Segunda Reserva del Ejército a la que renuncia dos años después, luego de que el ejército abriera fuego contra unos manifestantes liberales en Monterrey.
Como opositor al régimen de Porfirio Díaz, y además de su participación en promoción de huelgas y manifestaciones en las postrimerías del porfiriato, Praxedis Guerrero organizó escuelas libertarias, grupos de teatro, conciertos y conferencias en las que destacaba los ideales y métodos de lucha del anarquismo.
Praxedis Guerrero, el obscuro, pensativo y olvidado, escribió frases fuertes, frases que hieren, que sacuden, que vibran como clarines de tempestad. Encendió con la llama de su verbo las conciencias apagadas; sembró rebeldías y descontentos. Para que la tiranía, el despotismo y la ignorancia mueran. Para que el amor sea el sentimiento que una a los seres libres. Y para que cada quien tenga, sin descender al fango, asegurado su derecho a la vida.
Hijo de hacendados había nacido en agosto de 1882 en San Felipe, Guanajuato. A pesar del carácter burgués de su familia, Praxedis Guerrero se da cuenta de la desigualdad social de la que formaba parte; deja a su familia y marcha a Estados Unidos donde, al trabajar como obrero en Denver, Arizona y San Francisco se percata de las condiciones de precariedad laboral en las minerías y fábricas; allí afina su sensibilidad y define su posición política.
Edita Punto Rojo, Alba Roja y Revolución y se acerca a los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón como corresponsal de Regeneración y El Hijo del Ahuizote. Invitado a pertenecer al Partido Liberal Mexicano funda la junta auxiliar Obreros Libres y llega a ser Secretario General del partido. En sus periódicos, que llegan a tirar 10 mil ejemplares semanales se promueve la huelga general revolucionaria y el inicio de una revolución social que se propague a toda la república.
Participa en diversos levantamientos en 1906, 1908 y 1910 .
Los liberales habían planeado levantarse en armas el 16 de septiembre de 1910 pero prefieren posponer su acción hasta el 20 de noviembre, fecha señalada en el Plan de San Luis de Francisco I. Madero. Así obtendrían mayor impulso pero desligándose de los objetivos políticos de Madero.
Praxedis Guerrero es designado jefe de operaciones del Ejército Libertario Mexicano; organiza en El Paso, Texas, un grupo de 30 magonistas que avanza hacia Ciudad Juárez, asalta la hacienda de Cruz González, toma un tren mixto y destruye los puentes del ferrocarril. En Estación Guzmán se le unen otros 20 guerrilleros con los cuales el 27 de diciembre intenta la rendición (sin éxito) de Casas Grandes; ataca Janos el 29 y a la mañana siguiente muere de un balazo en el ojo derecho en circunstancias poco claras.
Algunos afirman que lo mató el disparo accidental de un compañero que lo confundió con un espía; otros que recibió un proyectil cuando, desde una azotea contrarrestaba un ataque de federales; y otros más que el hecho ocurrió cuando exponía a la población los ideales del Partido Liberal.
Al morir recién había cumplido los veintiocho años de edad.
En sus publicaciones expuso su sentimiento justiciero. “Si os parece que andando no llegais a la libertad, corred entonces”. “Para luchar por la libertad no hacen falta odios; sin odio se abren los túneles, sin odio se ponen diques a los ríos, sin odio se hiere la tierra para sembrar el grano, sin odio pueden aniquilarse los despotismos, puede llegarse a la acción más violenta cuando sea necesaria para la emancipación humana”. “La justicia no se compra ni se pide de limosna; si no existe se hace”. “¿Temeis a la revolución? Renunciad a la injusticia y el miedo se acabará en vosotros”.
Al recordarlo a un año de su muerte, Ricardo Flores Magón se refirió a él en Regeneración: “Práxedis fue, --escribió-- sencillamente, un hombre; pero hombre en la verdadera acepción de la palabra; no el hombre-masa atávico, egoísta, calculador, malvado, sino el hombre despojado de toda clase de prejuicios, el hombre de abierta inteligencia que se lanzó a la lucha sin amor a la gloria, sin amor al dinero, sin sentimentalismo. Fue a la revolución como un convencido. Yo no tengo entusiasmo, me decía; lo que tengo es convicción. Cualquiera se imaginaría a Práxedis como un hombre nervioso, exaltado, movido bajo el acicate de la neurastenia. Pues, no: Práxedis era un hombre tranquilo, modestísimo tanto en teoría como en la práctica. Enemigo de tontas vanidades, vestía muy pobremente. No bebía vino como muchos farsantes por alardear de temperantes: no lo necesito, decía cuando se le ofrecía una copa, y, en efecto, su temperamento tranquilo no necesitaba del alcohol”.
Son cien años de deliberado olvido para este héroe del pensamiento libertario. En cien años los muchos bienportados siguen considerando sus llamados a la justicia como provenientes de la chusma, de la broza. A tal grado que los tecnócratas neoliberales del tercer milenio hasta han desfigurado y devaluado el significado de mucho de nuestro léxico. Para ellosanarquista no es mas que un vándalo que pintarrajea muros y rompe cristales.




