Acusa extrabajadora a prelado maronita de despido injustificado
LIMA, 31 de deiciembre de 2017.- Los Fujimori ni siquiera disimulan. Los peruanos están tan acostumbrados a sus guerras de familia que ellos incluso parecen divertidos con esa mezcla entre Shakespeare y Falcon Crest que domina la historia reciente de Perú. Esta semana, Kenji Fujimori, el menor, vencedor de la última guerra con su hermana, Keiko, lanzaba un tuit en el que pedía venganza. Como no puede reclamar la cabeza de su hermana, porque al fin y al cabo son familia, exige la de sus cortesanos. Y lo hacía con una caricatura en la que se le ve a él disfrazado de Kill Bill con una espada y el traje amarillo ensangrentado. “Los señores Figari y Ana Hertz de Vega han conspirado por años, sistemáticamente, contra la libertad de @AlbertoFujimori. Hoy, ambos en la sombra continúan atentando contra la gobernabilidad del país. Ellos son el problema. Reconciliación = Reestructuración”, escribía.
De acuerdo con la información de el País, se menciona que Kenji hacía público así, culpando a los asesores de su hermana y pidiendo sangre, de algo que confirman fuentes del máximo nivel peruano: que ella ha estado conspirando para evitar que el patriarca fuera indultado, porque teme que al salir de la cárcel se haga de nuevo con el mando de la familia, que durante estos años ha ocupado Keiko, dos veces candidata presidencial. Todos en esta familia, incluida la madre, Susana Higuchi, han pretendido en algún momento ser candidatos presidenciales. Todos creen en la fuerza del apellido que domina la política peruana desde 1990. Y entre ellos la guerra es total, aunque después de durísimas batallas acaban en extrañas reconciliaciones, esa de la que hablaba Kenji en su tuit, que parecen pactos de familia para recuperar el poder.