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WHASHINGTON, 15 de enero de 2018.- No es racista, nunca llamó “países de mierda” a Haití y El Salvador, y son los demócratas quienes no quieren salvar a los dreamers. Donald J. Trump volvió anoche a ofrecer un festival de sí mismo y a demostrar que la rectificación o las disculpas son entidades ajenas a su mundo. Por el contrario, aprovechando la polvareda levantada, el presidente de EEUU puso en el disparadero el acuerdo sobre inmigración que republicanos y demócratas están negociando contra reloj. "No creo que los demócratas quieran un acuerdo", dijo justo en la víspera del Día de Martin Luther King.
De acuerdo con la información de El País, se menciona que a la llegada a su lujoso Club de Golf en Palm Beach (Florida), Trump se sometió a las preguntas de los periodistas. Sabía que le iban a interrogar por sus explosivas palabras de la semana pasada en una reunión con parlamentarios, y para ello ya había preparado el terreno. Horas antes, dos senadores republicanos que cuando estalló el escándalo dijeron no recordar las expresiones de Trump en el encuentro, habían recordado repentinamente que el presidente jamás había dicho “países de mierda” y que el senador demócrata que lo denunció, Richard Durbin, no era de fiar.
Con este trabajo previo lanzado a los medios, Trump se dejó preguntar por la cuestión y no dudó en responder: "¿Oyó lo que dijeron varios senadores que estaban en la reunión? No dije eso. No soy un racista. Soy la persona menos racista que jamás han entrevistado, eso se lo puedo afirmar”.