Aprehenden en Apizaco a hombre por abuso sexual agravado
Morelia, Mich., 5 de junio, 2017.-Casi todos los jerarcas de la Iglesia Católica han sido reconocidos por ser parte del poder fáctico en México, y un factor real de poder, para ello el cardenal Norberto Rivera se ha pintado solo. Como lo han hecho los partidos, gobernantes y funcionarios de alto nivel, siempre han tratado de encubrir a sus colaboradores, amigos e incondicionales.
Dicen que Norberto Rivera protegió a 15 curas pederastas. Pero llamó la atención que el obispo de Morelia Carlos Garfias declarara que son acusaciones viejas. Es cierto que en Michoacán hubo un caso patético como el de Marcial Maciel, quien profesaba en la región de Cotija y tuvo en su contra decenas de denuncias por abusar de los niños. Incluso también en Morelia, el arzobispado protegió al menos a un cura que cometió abuso sexual contra una jovencita.
Garfias sostuvo que se trata de un asunto mediático, y debe resolverse en los lugares que corresponde. Lo cierto es que a la Iglesia le ocurre un poco con lo que sucede a los partidos y al poder en México, porque la sociedad en general ha perdido confianza en quienes son líderes morales, por la sencilla razón que están muy lejos de Dios y muy cerca de los gobiernos en turno, más con los de extrema derecha.
No obstante, la Iglesia tiene una responsabilidad enorme, sobre todo cuando en una nación se han perdido valores fundamentales como el respeto a la vida. Es por ello que se requiere que estén a la altura de las circunstancias, y es un poco lo que dijo en México y en otras partes del mundo el Papa Francisco, cuando pidió perdón por los curas que se desviaron del camino, y sobre todo ofreció darle mayor sentido social a la Iglesia.
En un país castigado por la corrupción la Iglesia no es la excepción. Quedó pendiente el caso del cardenal Posadas asesinado en mayo de 1993. No hubo resultados de la investigación, solo se dijo que pudo estar relacionado con la delincuencia organizada. No cabe duda que la descomposición social llegó a todos los sectores sociales, de la que no quedó a salvo la Iglesia.




