Kuri coloca primera piedra de Academia Policial en Querétaro
Morelia, Mich., 4 de mayo, 2017.- Sin duda fueron las dos horas más largas para millones de personas en prácticamente todo el mundo; por 120 minutos, muchos se sintieron como el protagonista de la película El Náufrago en su isla desierta: Se cayó el whatsapp. Tragedia mundial.
Todo empezó este miércoles por la tarde: de pronto dejaron de recibirse mensajes y fue imposible enviarlos; la primera reacción, el enojo, naturalmente en contra de las compañías de internet que siempre se han caracterizado por su mal servicio, así que la tarea de revisar los sistemas de wi fi, activar cada quien sus datos para saber si es que se ha agotado el saldo, ir al Oxxo por una recarga aunque sea de 20 pesos.
Siguiente reacción luego de comprobar que el internet funciona bien –es un decir, nunca lo hace-, usar otras redes sociales sobre todo Facebook y Twitter para preguntar “¿soy sólo yo o no hay servicio general de Whatsapp? Empiezan a manifestarse expresiones de todo tipo, sobre todo maternales por no poder acceder al servicio.
Tercera reacción: preocupación, lo que estará pensando la esposa, novio, madre o jefe por no estar comunicados por el whats; seguido por el terror de imaginar que no vayan a creerle, sobre todo quienes no tienen la conciencia tan tranquila.
El tiempo sigue transcurriendo, apagar y encender los celulares. Nada, la incomunicación persiste, aun cuando con quiere comunicarse está en la oficina de al lado. No queda otro remedio, regresar a la prehistoria y volver a utilizar una herramienta prácticamente en desuso: el teléfono fijo.
Pero ahora, primero, a buscar el aparato telefónico, hace tanto tiempo que lo tenemos olvidado que no sabemos dónde está; luego, ¿cuál es el número? Ya casi nadie registra los teléfonos de casa o de oficina, y los que sí lo hicieron ¿y ahora cuál de todos es el fijo? ¿Oficina 1? ¿Casa anterior? ¿Alejandro el bueno? ¿Emergencias? Los que lograron atinar, vivieron una experiencia que ya tenían en el baúl de su memoria.
En Facebook, nuestra compañera Rebeca Hernández escribió: “No entiendo porque ya nadie quiere hablar, me gustó que contestaran sus llamadas ese rato que estuvimos sin Whats, fue un triunfo sobre el silencio y la distancia, ojalá se caiga más seguido”.
Pero no, ojalá que no. Tal vez fue bonito escuchar las voces de nuestros interlocutores, pero y ¿las caritas?, ni modo de decir con palabras lo que en tanto tiempo hemos aprendido a decir sólo poniendo una carita triste, feliz, enojada o con cara de sorpresa, con la imagen del dedo pulgar hacia arriba o un corazón latiendo.
Sólo Dios sabe cuántas amistades fracturadas, cuántos noviazgos terminados, cuántos esposos han tenido que dormir esa noche en la tina, cuántos empleados por lo menos regañados, cuántos hijos castigados.
Hasta la hora de redactar este texto, la empresa operadora del Whatsapp no había dado a conocer las razones de la falla en el servicio, pero si el motivo fue castigar por alguna razón a los usuarios, bien que lo logró. No vuelvas a irte Whatsapp.




