Un año después de las inundaciones, Veracruz sigue acompañando al norte
Morelia, Mich., 30 de noviembre, 2017.- “Y yo que busqué una plaza en la Universidad Michoacana para tener por fin un trabajo estable, y ahora no me han pagado ni puedo dar clases”, expresó una profesora nicolaita, al referirse a la situación por la que atraviesa actualmente la institución.
Y es real. Hasta hace poco tiempo, obtener una plaza en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, ya sea como empleado administrativo o como profesor, era como sacarse la lotería: un salario decoroso, prestaciones superiores a cualquier otro centro de trabajo, tres períodos de vacaciones al año, y la posibilidad de jubilarse y seguir recibiendo el mismo sueldo y beneficios laborales que cuando se estaba en activo.
De hecho, tan atractivas han sido las plazas en la institución nicolaita que mucho se ha hablado de su venta de manera ilícita sobre todo por parte del Sindicato de Empleados. Había quienes aseguraban se cotizaban hasta en más de doscientos mil pesos.
El problema ahora, es que todos esos beneficios están en riesgo, pues justamente muchas de esas prestaciones han crecido de manera desproporcionada y, lo peor, sin el sustento presupuestal. Era lógico que algún día serían insostenibles.
Este jueves, se llegará una quincena más que los trabajadores nicolaitas no cobren; en protesta, desde hace un mes, tanto empleados académicos como administrativos sostienen un paro de brazos caídos y mantienen tomadas algunas de las instalaciones universitarias, de modo que miles de estudiantes se encuentran sin recibir clases desde entonces. Incluso, muchos alumnos ya dan por hecho que las actividades ya no se reanudarán este año y que regresarán hasta enero únicamente a concluir el semestre.
Mucho se ha hablado de la urgencia que existe a realizar modificaciones estructurales en la Casa de Hidalgo, que incluyen las prestaciones salariales y el régimen de jubilaciones y pensiones, algo a lo que los sindicatos se niegan férreamente.
Sin embargo, el destino está alcanzando a los nicolaitas, ya se está viendo que el premio gordo de la lotería también tiene límites y puede agotarse. Cada vez más se corre el riesgo de que tener una plaza ya no sea sinónimo de bienestar, seguridad y estabilidad, como dijo la profesora.




