¿Qué representa la Independencia en la impartición de justicia?
Una pachanga en los tendidos de Las Ventas y, abajo, en el redondel, un torero pudo haber perdido la vida. Así se podría resumir lo acontecido el Día de la Raza en la plaza más importante del mundo, la del público más insensible, más vano y más polarizado. Sí, al menos el público que se retrató en los tendidos durante la Corrida de la Hispanidad, esa de la que un milagro hizo que Isaac Fonseca siga vivo.
Todo empezó mal desde días antes de la corrida, porque Morante de la Puebla se bajó del cartel, la elección de El Cid, el rechazo total del encierro de Núñez de Cuvillo, y la sustitución con toros de tres ganaderías. Garcigrande, Toros de Cortés y Victoriano del Río. Encierro parchado con más malo que bueno, con más feo que para el recuerdo. Y, en los tendidos, pancartas con letreros descalificadores, jolgorio, barullo, pitos y una falta de respeto total a la fiesta brava, a los toreros y a todo. Qué pinche pachanga. NO PUDO
Isaac Fonseca nuevamente falló en su intentó de abrir la puerta grande de Madrid, aunque otra vez puso todo de su parte, con toro y sin toro. No se guardó nada el mexicano, pero no pudo desarrollar la faena que quería porque el público no le ponía atención, lo distraía y lo hizo desconcentrarse con el vacilón que había en los tendidos. ¿Reventadores? Tal vez o quizá no, pero sí gente que no debería llamarse taurina por su insensibilidad, por su irracionalidad, por su irresponsabilidad de pachanguear cuando el torero se juega la vida.
La nota completa en Quadratín Michoacán