La escuela frente al celular
No supo de rendiciones ni derrotas sino de tenaces victorias existenciales mediante el empleo de dos armas poderosas: la sencillez y el sentimiento. Porque además de gran torero fue un gran ser humano; reflejó, enalteciéndolo, la grandeza de su pueblo.
Apodado El Faraón de Texcoco, Silverio Pérez Gutiérrez fue el último de las grandes leyendas de la época de oro del toreo de muestro país. Fue el torero más querido del pueblo mexicano en toda su historia. De él se ha escrito todo; pero no está de más recordarlo porque quienes han escrito acerca del compadre lo han hecho con emoción.
Tenía 16 años cuando, en un vagón de segunda del Ferrocarril Mexicano hubo de viajar al puerto de Veracruz para recoger, acompañado de su tío Eduardo Montaño, el cadáver de su hermano mayor, Carmelo (que en realidad se llamaba Armando), muerto en Madrid de una bronconeumonía que le sobrevino a raíz de la cornada en el Toreo de La Condesa, del toro “Michín”, de San Diego de los Padres. Silverio tuvo qué velar a su hermano en las bodegas de la aduana marítima pues entre empleados aduanales y ministerios públicos, ignorantes o corruptos (o las dos cosas juntas) complicaron las cosas por la confusión del nombre de pila, Armando y el que acreditaba el cadáver: Carmelo.
Carmelo fue sepultado en el Panteón de Dolores, en la ciudad de México. Y allí, todavía con lágrimas en los ojos y el corazón oprimido por la angustia, Silverio le dijo a su amigo Luis Peláez, que lo acompañaba: “Luis.. .yo quiero ser torero”.
Y vaya que lo fue. El maestro de Saltillo, Fermín Espinosa “Armillita”, le dio la alternativa el 6 de noviembre de 1938 en Puebla; el 11 de diciembre siguiente en El Toreo de La Condesa, le es confirmada la alternativa por parte de Armillita llevando como testigo a Fermín Rivera.
Quien sería luego llamado El Faraón de Texcoco nació el 20 de junio de 1915 en el poblado de Pentecostés, perteneciente al municipio de Texcoco. Su padre, don Alberto Pérez ayudado por su esposa, doña Concepción Gutiérrez “Chonita” había acreditado un buen negocio de barbacoa que les dejaba buenas ganancias. Fue el quinto hijo de don Alberto y tuvo nueve hermanos de los cuales Enrique, Pedro y Wenceslao murieron muy niños. El padre murió en 1923 cuando Silverio recién había cumplido ocho años, y a los quince, muerta la madre, tuvo qué convertirse en jefe de familia..
Entre semana transportaba en un destartalado camión de caja metálica, la barbacoa que distribuía en puestos de Texcoco y pueblos vecinos. Pero la afición persistía y los sábados o domingos participaba en tientas o festivales taurinos. Un día participó en un festejo en El Toreo, de Puebla donde fue presentado como “Carmelo II”, nombre que llamó la atención del público; pero el nombre le pesó demasiado. Fue un fracaso rotundo, igual que su siguiente presentación en Puebla.
El picador y empresario de el Toreo, Antonio Casillas “El Berrendo” le cedió para que se ayudara económicamente, la concesión del transporte de reses bravas. Silverio reemplazó la caja metálica de su camión por redilas.
En Puebla la costumbre era invitar al público al desencajonamiento de los toros y luego se soltaba un novillo para que fuera lidiado por algún muchacho deseoso de hacerse torero. Silverio llegó con su camión, desencajonó a los toros; pero a la hora del novillo el muchacho seleccionado no se presentó. Silverio, enfundado en un overol grasiento, le realizó una agigantada faena que le valió que el empresario Casillas viera en él un arte excepcional.
El inicio no fue nada sencillo. Tras confirmar su alternativa, las cuatro primeras corridas en la temporada grande 1938-39 de El Toreo, pasaron sin pena ni gloria. No fracasaba pero tampoco triunfaba. El 7 de abril de 1940 alternó con Armillita y en su segundo toro logró un triunfo impresionante: verónicas, belmontinas, quite por chicuelinas y, con la muleta, la faena más templada y clásica que hasta ese momento se había visto. Al siguiente domingo el tercer toro lo levantó y le hizo dar una maroma de la que Silverio se levantó y le largó tres doblones que lo hicieron dueño y señor de la voluntad del toro. Su fama crece, ya es todo un torero.
Invitado por Armillita, actuó ese mismo año en Lisboa donde gustó al público por sus verónicas de ensueño. En Portugal toreó 20 corridas; logró acomodarse con el toro y sentirse seguro de su valer. La historia se va bordando frente a toros de La Punta, La Laguna, Piedras Negras, Torrecillas, San Mateo o Pastejé. Alterna con Lorenzo Garza, con Carlos Arruza; con Antonio Bienvenida ó con el maestro de maestros. Y el 31 de enero de 1943 Silverio Pérez esculpe en oro puro la obra magna de la torería; luego el 14 de febrero cuaja faenas inolvidables. Como inolvidables serán en lo sucesivo, todas sus presentaciones.
Silverio Pérez no era indio; pero aún así el músico poeta Agustín Lara lo hizo compadre y escribió para él uno de sus pasosdobles que, interpretados por los mejores cantantes, ha dado la vuelta al mundo.
Cosecha éxitos, orejas, rabos y salidas en hombros en tierras sudamericanas; vuelve a México y parte a España en 1945 donde confirma su alternativa en la Monumental de Madrid.
La presentación de Manolete en México el 9 de diciembre de 1945 fue para Silverio todo un reto: Días antes de la corrida la gente dormía en la calle en espera de que se abrieran las taquillas para acabar en pocas horas con todo el boletaje. El compadre le confirmó la alternativa a Manolete quien entró prendiendo lumbre al obtener el rabo del toro Gitano de Torrecillas. Silverio sacó la casta con una gran faena a Cantaclaro del que obtuvo las dos orejas, el rabo y recibió la más prolongada ovación que jamás se hubiera escuchado en El Toreo.
El 12 de enero de 1946, en Irapuato Silverio hizo tal faena a Rebocero que el juez le otorgó las orejas, el rabo y la pata.
Silverio había visto, desde los tendidos aquel 29 de diciembre de 1940, caer mortalmente herido por el toro Cobijero a su amigo Alberto Balderas. Y el 30 de agosto de 1947, al llegar a La Habana para dos presentaciones, recibió la noticia de que otro gran amigo Manolete había muerto.
Al ser trasladada la plaza El Toreo, a Cuatro Caminos volvió a torear y no fue brillante su reaparición: La temporada 48-49 fue igual de incolora. Toreó en Saltillo con regular éxito. En Venezuela un toro despuntado casi le destroza un muslo y luego sufre otra cornada en Guadalajara; y para colmo se clavó accidentalmente el estoque en una pierna en la plaza de Huamantla.
Como los toros marrajos que se arriman a las tablas Silverio Pérez piensa seriamente en el retiro. Intentó torear en España pero días antes del festejo en la monumental de Barcelona resbaló en la regadera y sufrió profundas heridas. No pudo actuar.
Silverio Pérez se retiró en definitiva de los ruedos el 1º de marzo de 1953 en la Plaza México, llena a reventar. Fue su padrino, Fermín Espinosa “Armillita”, quien le cortó la coleta.
.. .monarca del trincherazo
torero, torerazo.. .




