Una izquierda ultra neoconservadora

Eduardo Torreblanca Jacques

México siempre ha sido un referente importante en América Latina.

Impulsa ahora un nuevo modelo de gobierno basado en un eclecticismo mágico; piensa con la izquierda, pero gobierna con la más extrema de las derechas.

Un precursor de este nuevo modelo ecléctico en la izquierda pudiera ser Andrés Manuel López Obrador, quien ha demostrado que en su escenario solo está el horizonte de los pobres. Gobierna para todos, dice, pero piensa y actúa pensando principalmente en los desposeídos.

De pasadita refleja cierto rencor hacia quienes tienen como función generar riqueza, crear empleos y tener dinero o al menos eso parece. La iniciativa privada no está en su escenario preferencial.

En el planteamiento estratégico de la economía nacional para 2021 corre un riesgo importante, que puede etiquetar a su gobierno en la historia del país como el más ineficiente en el manejo económico pos revolucionario.

AMLO, quien tardó en llegar a la Presidencia prácticamente dos décadas, llegó con el deseo enorme, claro, incisivo, de reducir la pobreza y revertir la inequidad que caracteriza al 50 por ciento de la población. Prometió un gran cambio y no podemos decir que no ha cumplido. Otra cosa es tener éxito con la transformación.

Luego de ejercer una administración cuestionable ante la emergencia sanitaria, el Presidente condena al país a un proceso de recuperación penoso, largo, muy complicado que pudiera exigir invertir el resto de su sexenio para lograr pisar un terreno económico en el que ya estuvo en 2018. Los documentos económicos para el 2021 así permiten pensarlo.

Y detrás de ese sacrificio se habrán reincorporado a las filas de la pobreza y la pobreza extrema 10 millones más de mexicanos. Habremos perdido mucho más de lo que avanzamos en los pasados 10 o 12 años en el combate a la pobreza y a la expresión extrema de la misma.

Si la matemática no falla pudiera tenerse como resultado sexenal un crecimiento promedio anual menor al uno por ciento y el territorio será dominado por población sin trabajo y con un diezmado poder adquisitivo que él comenzó a recomponer en sus primeros dos años de gobierno.

Podrá parecer paradójico que haya invertido tanto en atender a los pobres y aumentar el poder adquisitivo del salario mínimo y aún así ofrecer un resultado final desastroso en materia económica.

No recuerdo haber conocido un Presidente de México que no le apostara a la unidad nacional y que, en cambio, fomentara la división y el rencor como ánimo entre los sectores.

No recuerdo un Presidente de mi país que no valorara a su iniciativa privada y pretendiera apoyarse en ella para con intención estratégica clara propiciar una inversión que detone mejores condiciones de respuesta en un entorno económico de crecimiento.

Ningún ser con pensamiento simpatizante en la izquierda, pienso, renunciaría a crear y poner en práctica un Plan Nacional de Reindustrialización, con especial intención en elevar la capacidad productiva de las empresas, explotar las vocaciones productivas de las regiones más pobres para fomentar el emprendimiento y la inversión en ellas, para crear infraestructura, explotar mejor capacidades y crear más rápido el necesario empleo formal que demanda una justa distribución del ingreso.

No concibo a un gobernante de izquierda que no quiera ver a su país a la vanguardia en la generación de energías limpias ejemplo en el mundo y con una decidida voluntad de contribuir en gran medida en el combate a las energías sucias que lesionan el medio ambiente.

No concibo a un estratega del pensamiento progresista que reconozca que los mejores tiempos de Pemex han pasado y que resulta fundamental replantear con seriedad y profundidad su papel en el futuro nacional luego de décadas en el que se le exigió milagros y se le explotó de manera inmisericorde.

No veo a un gobernante que conceda espacio para que la juventud de su país emprenda y en cambio les empuja hacia la alternativa de ser aprendiz para quizá, luego, ser empleado.

No doy crédito que haya un gobernante que desde una postura contraria a la derecha no apoye con su banca de desarrollo al tejido mayoritario en materia productiva y empresarial como es el caso de las Pymes, responsables del 50% del PIB y del 70 por ciento del empleo.

No puedo creer que haya en México un Presidente que no haya decidido invertir su capital político que sigue siendo importante, para convocar a un acuerdo nacional que impulse la inversión y detone el empleo que aún falta por recuperar (aproximadamente cinco millones de plazas a inicios del mes de septiembre).

Un Presidente con la mejor de las voluntades y el peor de los resultados; un Presidente que piensa con su parte izquierda y que en el desdén por lo económico acaba gobernando con la parte más extrema de las derechas.

Yo no quiero que le vaya mal al Presidente porque si le va mal, a nosotros nos irá igual… y a Usted también, por cierto.

  • Director de ​​GIN TV