La medalla y otras provocaciones innecesarias

En el país están pasando cosas graves y no hay necesidad de enfrentarnos por nimiedades, pero da la impresión de que sin pleito no se puede vivir.

No sabemos exactamente cuándo, pero de que vienen problemas del exterior no hay la menor duda.
Para hacer frente a una situación adversa, o a una agresión comercial del vecino del norte, necesitamos estar bien parados internamente.
No lo estamos ni en seguridad, ni en empleo ni en economía.
Un poco de unidad interna es lo menos a que se puede aspirar.
¿Sería mucho pedir que desde Palacio Nacional se deje de provocar y se desechen los insultos?
Qué necesidad había, por ejemplo, que la titular de la Comisión Nacional del Deporte le entregara una medalla al presidente en su conferencia mañanera, en reconocimiento por la extraordinaria actuación que tuvieron nuestros atletas en los Panamericanos de Lima.
Esa es una provocación al buen gusto y al sentido común.
Cuando a Roberto Madrazo le pusieron una medalla en el maratón de Berlín sin que hubiera hecho completo el recorrido de los 42 kilómetros 195 metros, se le vino el mundo encima y fue objeto de sátiras por años. De mentiroso no lo bajaron.
Ahora un paisano suyo, el presidente, recibió una medalla por haber contribuido a algo que todos sabemos no contribuyó, sino que puso trabas: el triunfo de nuestros atletas que alcanzaron un histórico tercer lugar en los Juegos Panamericanos.
La ciudadanía sabe que los deportistas no contaron con el apoyo del actual gobierno, y que el dinero no les alcanzó ni para desfilar con uniforme en la ceremonia inaugural, como hacen todas las delegaciones.
Los atletas mexicanos desfilaron en pants porque el gobierno no dio dinero.
El presupuesto de la Comisión Nacional del Deporte, que es el organismo encargado de facilitar la preparación de los deportistas, en este año lo bajaron casi a la mitad.
Apenas el año pasado el presupuesto fue de dos mil 100 millones de pesos para la CONADE. Y para este año, el de la gran competencia continental, el gobierno se los bajó a mil 519 millones de pesos.
Con todo en contra, nuestros atletas pusieron el corazón por delante y le dieron a México el tercer lugar, por encima de Canadá, Cuba y Argentina.
En lugar de una felicitación a los deportistas por su esfuerzo, la titular del Deporte, le entregó una medalla en reconocimiento al presidente de la República.
Y él la recibió, como si en verdad tuviera algún mérito en ello.
El culto a la personalidad llevado a esos extremos es una provocación.
Durante la misma conferencia mañanera -la de ayer-, el presidente insultó a los medios de comunicación que decían que había desabasto de vacunas.
Tal información partió de una entrevista de Azucena Uresti, de Milenio, a un subsecretario de Salud -Hugo López-Gatell-. Y la difusión de esa mala noticia motivó que el presidente se la atribuyera al “hampa de la prensa”.
Qué lenguaje. Qué necesidad. ¿Ni en eso puede haber un poco de entendimiento?
Horas más tarde de los insultos presidenciales al “hampa del periodismo” y otras linduras perfectamente prescindibles, Joaquín López-Dóriga entrevistó al subsecretario López-Gatell para salir de dudas.
Y resulta que sí hay desabasto. Dijo el respetado médico que hay un retraso de varios meses de miles de vacunas para sarampión, rubeola y paperas.
“No es un tema de vida o muerte”, precisó, y las dosis deben estar en México antes de diciembre.
Así de claro se puede decir la verdad si pelearse ni acusar en falso.
Desde Palacio Nacional la máxima autoridad del país ofende y, como quedó claro en la entrevista al subsecretario- falta a la verdad.
¿Para qué? ¿Qué necesidad hay?
Ahí mismo, en la mañanera, dijo que era mentira lo de la falta de apoyo de Conacyt a los alumnos que participarán en la Olimpiadas de Matemáticas. Eso lo dicen “porque son nuestros adversarios”.
¿Cómo que adversarios? Son nuestros representantes en una competencia internacional de conocimientos.
Y todos sabemos que en la misma justa, celebrada recientemente y de la que trajeron muy buenos resultados, no tuvieron apoyo del gobierno.
Todos agradecimos la generosidad del cineasta Guillermo del Toro que pagó de sus ahorros los boletos y estancia de varios concursantes.
Fue público que el gobierno no apoyó a los competidores mexicanos.
Si ahora lo hace, excelente. Con explicarlo basta, y que se ahorre los insultos y el veneno.
Hay temas en los que sí vamos diferir, discutir y hasta enojarnos. Que sean aquellos en los que valga la pena.
Pero no tiene caso provocar al ponerse medallas ajenas, o insultar a periodistas por decir la verdad, ni llamar adversarios a quienes no se les ha apoyado para acudir a competencias internacionales de conocimientos.