NUEVA POLÍTICA INDUSTRIAL VS NUEVA REFORMA EDUCATIVA

La Secretaría de Economía, dio a conocer el Decálogo de la Nueva Política Industrial.

Ahora esperamos, que no solo las secretarías y dependencias del Ejecutivo federal, asuman como propio el Decálogo. Es necesario que el Poder Legislativo federal, legisle acompañando y haciendo viable, dicho Decálogo.

No abundaré en los 10 mandamientos en materia de Política Industrial.

En su presentación, realizada por el subsecretario de Comercio e Industria de la propia Secretaría de Economía, Ernesto Acevedo, señaló: “Hablo de una nueva relación del gobierno… para fomentar… la industria, el comercio y los servicios… en un contexto de industria 4.0… innovación, inclusión y diversificación, son las tres directrices de esta nueva política industrial…” (El Financiero 4.10.19)

El primer ordenamiento del Decálogo de la Nueva Política Industrial, mandata: “Promover mayor competencia”.

Me parece el acierto más importante de la nueva política industrial: apostarle a la competencia. Aquí mismo hemos mencionado que gracias a la competencia, hoy muchas y muchos mexicanos de a pie, tenemos acceso a multitud de bienes y servicios, que antes eran de uso exclusivo de las clases altas. Claro, hay todavía múltiples bienes y servicios que son inalcanzables para la mayoría, pero es un hecho real que hoy (2019), podemos adquirir bienes que en los 60´s, 70´s y 80´s, eran imposibles para la gran, gran mayoría. Si nos vamos décadas atrás, peor: la mayoría, ni calzado usaban.

Tan solo éste primer ordenamiento del Decálogo, contradice a la reforma educativa lograda al gusto de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), en tanto la reforma educativa apuesta, a no contar con los mejores maestros. El problema es que esto se puede generalizar, a no contar con los mejores profesionistas. Porque una cosa es buscar, procurar, fomentar, impulsar, promover, que todos los egresados de educación media superior, accedan a estudios de licenciatura y otra, es aprobar disposiciones legales que permitan el ingreso a licenciatura, sin un examen previo.

Para no caer en disquisiciones mayores, los legisladores pueden y deberían recurrir al derecho comparado, ver los casos de China, de Singapur y muchos otros países que han rebasado a México y que se den cuenta, que la clave de su avance ha sido precisamente una educación más exigente en cuanto a los aprendizajes alcanzados por sus nuevas generaciones.

Porque esos países si están preparando a sus actuales y futuros ciudadanas y ciudadanos, para vivir “…en un contexto de industria 4.0… innovación, inclusión y diversificación…”, como acertadamente lo apuntó el subsecretario de Economía, al presentar el Decálogo de la Nueva Política Industrial.

Para acabar pronto con esta insistente vuelta a la materia educativa de mis colaboraciones, pregunto: ¿los diputados y senadores federales que aprobaron la reforma educativa, a dónde envían a sus hijos a estudiar la primaria, secundaria y bachillerato?

Luego entonces, si ni ellos mismos confían en la educación púbica que dicen defender, ¿por qué se empeñan en seguir aprobando leyes educativas que condenan a un atraso mayor a la generalidad de las nuevas generaciones mexicanas y por ende, al país mismo?

Podría ser ello tipificado como ¿traición a la Patria?

Porque de ese tamaño es la grave responsabilidad que tienen en sus manos los legisladores. Es de esperar que los próximos legisladores, cuenten con mejores cartas de presentación para serlo, en tanto votar una ley a favor o en contra, solo por consigna, demerita al Poder Legislativo y a la propia Política. Ojalá también las y los electores al votar, sepan bien por quién están votando y que los partidos políticos ya no coloquen como plurinominales a quienes no tienen ni cuentan con conocimientos para ejercer como tribunos y hacedores de leyes.

Seguiremos abordando el Decálogo de la Nueva Política Industrial, en tanto apunta hacia lo que México efectivamente necesita para crecer y favorecer el desarrollo del país, es decir, de las y los mexicanos.

Desafortunadamente el quid, sigue siendo la educación. Ojalá el Legislativo no se tarde en corregir.