Patrulla de Panotla vuelca; 2 policías resultan lesionados
Se vive la fe entre cuatro paredes en el CERESO de Tlaxcala
TLAXCALA, Tlax., 14 de abril de 2017.- Este año se cumplen 23 años aproximadamente desde la realización de “La Pasión de Cristo” en el Centro de Reinserción Social de Tlaxcala (CERESO), una puesta en escena que pocos pueden apreciar pues solo algunos familiares, internos y medios de comunicación tienen cabida. Entre las cuatro paredes color hueso y descascaradas de uno de los cuatro patios del centro.
Cruzar los filtros de seguridad no es el problema, sino atravesar los reducidos pasillos que solo permiten el paso de una persona a la vez, resulta claustrofóbico y la ausencia de ventilación hace de ello un sitio frío, son siete puertas antes de llegar al patio donde a nuestra llegada ya se está presentando la obra.
Somos entonces testigos de una representación sencilla. Del otro lado, a modo de escenario, un manteado con un paisaje adornado con mantas color morado y blanco con dos largas mesas de madera donde se realizó “La última cena”.
Rodeado por una veintena de soldados romanos, el Centurión y los verdugos se encuentra “Seth”, el recluso que este año interpreta por tercera ocasión al Nazareno, vestido con una túnica de manta y con la espalda descubierta algo enrojecida por los golpes recibidos con los flagelos hechos con lazos de algodón trenzado. Jesús se encuentra frente a “Poncio Pilato”, a su espalda el sanedrín de judíos quienes exigen sea castigado aquél blasfemo que vivió hace más de dos mil años.
El vestuario es aportado por los familiares, incluso algunos de ellos participan en la obra, sobre todo las mujeres: María, Magdalena, Claudia, Verónica, entre otras. Juan, el menor de los 12 apóstoles, es interpretado por un joven de unos 13 años, a él también le tocan algunos latigazos en un intento por ayudar al “maestro”.
De Caifás a Pilato, de Pilato a Herodes y de Herodes vuelve Jesús con Caifás, luego de ser castigado con 41 azotes, último recurso de Pilato para evitar su muerte, pues no ve culpa alguna en él, los sacerdotes judíos exigen su crucifixión prefiriendo dejar libre a Barrabás, quien también es maltratado y posteriormente dejado en simbólica libertad, pues vuelve a su celda a cumplir su condena, mientras Jesús recibe la corona de espinas y los guardias o Personas Privadas de su Libertad (PPL), se burlan de él, llamándolo “hechicero” mientras es vestido con una manta a modo de capa.
Inicia Jesús el recorrido con una cruz entre 75 y 90 kilos de peso y en veinte minutos, la congregación da al menos 12 vueltas al patio y en cada vuelta una escena: el encuentro con el arrepentido Judas quien avienta las monedas a los pies del sacerdote judío exigiendo que liberen a Jesús; aparece Magdalena que entre lamentos sabe que no podrá ayudar a quien alguna vez la ayudó; luego María que no logra contenerse y entre lágrimas pide a su hijo se libere de ese suplicio; Juan quien no deja sólo a su maestro; Verónica que da de beber agua y limpia las heridas de el Rey de los Judíos y Simón de Cirene quien ayuda a Jesús a cargar con la cruz hasta llegar al Gólgota, una esquina al extremo interior derecho del patio.
Quienes no encuentran ese consuelo, son los dos ladrones Dumas y Gesmas, con sendos patíbulos de madera a cuestas: uno de ellos, por el esfuerzo, los golpes y el abrasante calor, no logra evitar soltar una lágrima mientras el sudor le corre por el rostro.
Mientras las familias al rededor observan atónitas cada una de las escenas, algunos niños aún en brazos lloran ante tal muestra de violencia, para ellos es real el sufrimiento de quienes están en cumplimiento de alguna condena; las mujeres, madres, esposas e hijas llevan la desesperación en sus rostros: añoran el retorno de sus seres queridos a sus hogares.
Los ladrones suben primero a las cruces, uno a cada lado de Jesús quien luego de algunos minutos asciende crucificado entre muecas de dolor por la espalda tostada e hinchada en un rojo palpitante.
Promulgando sus últimas palabras: “En tus manos encomiendo mi espíritu” Jesús ‘muere’ al filo de las 14:20 horas, mientras los romanos sortean a la suerte de los dados el manto que lo vistió.
Mientras es bajado de la cruz, “Seth” sufre un desmayo a causa del intenso sol, ha cumplido su fiel comanda, mientras sus compañeros lo cargan para ser reanimado y a pesar del cansancio y la inanición accede a ser entrevistado por los medios de comunicación.
“Aquí en la cárcel conocemos mucho a Dios. Nos acercamos a él cuándo estamos en una situación de mucho dolor, de muchas angustias. Para mí es gratificante el hecho de haber representado este gran papel. Más que nada lo hago por convicción propia, es como una manda para nosotros”, dice con una voz firme pero que denota agotamiento.
“Seth” tuvo solamente un mes para prepararse física y espiritualmente en sustitución de una persona que no logró presentarse. Tiene 31 años y para realizar a tan emblemático personaje, meditó, leyó la biblia y con el respaldo de su familia, se empeñó en representar a Jesús de Nazaret a quien no duda en volver a interpretar a no ser que su condena indique lo contrario.
Dice sentirse identificado, pero recomienda a todos hacer lo mismo, ser conscientes del sufrimiento y sacrificio de un hombre por el perdón de los pecados universales.
“Estoy agobiado, estoy cansado la verdad. Es tremendo; los golpes sí duelen”. De este modo “Seth” se retira para continuar en la búsqueda de su libertad, su propio resucitar.