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TLAXCALA, Tlax., 1 de noviembre de 2022.- Solo una vez al año, los panteones de Tlaxcala se llenan de color y nostalgia, es la fecha en que los muertos regresan al mundo terrenal y conviven nuevamente con los vivos en medio de un ritual de colores, aromas, sabores y recuerdos, pero sobre todo de alegría por recordar a aquellos que se fueron.
En el panteón de la comunidad de Ocotlán en la capital del estado, las familias limpian las tumbas, quitan la maleza y llenan de flores de cempasúchil, llenan de humo con el aroma del incienso y la comisión de esta comuna ofrece una ofrenda para los fieles difuntos que sus familiares olvidaron, en este altar colocan fruta de temporada, pan de muerto y flores, además de música y sahumerios para recibir y convivir con los muertos ahí mismo en el camposanto.
En el municipio de Apetatitlán, el portón de hierro tiene una inscripción que data del año 1882 que recibe a todos los ciudadanos que nuevamente cruzan esta puerta, pero ahora no para despedir a sus seres queridos sino para recibirlos y adornar sus tumbas.


Aquí hay incluso mausoleos que siglos atrás, edificaciones de la colonia y otras construcciones antiquísimas donde descansan los restos de sus familiares, pero que como cada año se visten de color naranja por la flor de cempasúchil, rojo por la flor de terciopelo o mano de león, así como blanco por la nube, además de gladiolas y otras flores.
El 1 y 2 de noviembre, son días de nostalgia pero también de alegría y recuerdos de aquellos que ya no están con nosotros, en donde no falta la música y la reunión de los familiares, esposas, esposos, hijos, abuelos, nietos e incluso compadres y amigos, todos aquellos seres queridos que los mantienen en su corazón.
La mayoría de las familias dedican horas para limpiar, embellecer y enflorar las tumbas de sus familiares, permanecen junto a ellos sin importar el sol o las inclemencias del tiempo, algunos platican con aquellos que ya se fueron, otros cantan y unos más oran, pero siempre mantienen el contacto con sus muertos en el panteón.

Las tumbas y las ofrendas pueden ser grandes o pequeñas, pero siempre coloridas, con muchas flores y embellecidas para aquellos quienes no son olvidades y viven por siempre en nuestra memoria.
En los 60 municipios de Tlaxcala los panteones se llenan de color y los altares de las casas brillan con la majestuosidad de esta tradición, con la luz de las velas, veladoras y el humo del incienso, pero sobre todo, en ninguna falta una flor, una fruta o un pan, que es la muestra de amor y cariño hacia aquellos que se fueron pero que regresan por unos días para estar nuevamente juntos.








