SLP SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 30 de noviembre de 2019.- Casquillos de varios calibres tensaron las cuatro zonas de San Luis Potosí, el plomo se clavó entre cráneos y costillas en plena conmemoración revolucionaria; el acero afilado surcó el viento y desmembró tres cuerpos que terminaron hechos pedazos dentro de nylon negro, en el crucero Bledos-Villa de Reyes.

Así comenzaba el día de mayor terror en la última semana, entre olor a muerte, lo cotidiano en el México actual.

Tres días antes de estos hechos, el secretario de Seguridad Pública de San Luis Potosí, Jaime Ernesto Pineda Arteaga, decía que la barbarie era parte de lo cotidiano, igual que sus expresiones habituales de que la Fiscalía General del Estado (FGE) investigaba cada crimen.

Pese al saldo de 23 personas ultimadas con arma de fuego en los últimos 10 días, ni Jaime Ernesto ni el fiscal Federico Garza Herrera, atinaron a dimensionar los hechos; apenas y reiteraron que estaban coordinando acciones encaminadas a contener la cresta de violencia.

BAÑO DE SANGRE

Las Flores se marchitaban la mañana del 16 de noviembre, esta colonia al norte de la capital potosina inició el listado de terror revolucionario con el hallazgo de pedazos humanos; fueron ceñidos entre una frazada azul celeste, dos nudos ciegos en cada extremo permitían adivinar que por las venas del victimario corría la adrenalina mientras abandonaba los restos en un desolado terreno; dentro del envoltorio plástico color negro, asomaban los nudillos de una mano femenina, con un lunar en el dedo índice que resaltaba ante la palidez del cadáver.

Del desierto al verdor de la Huasteca, ocurrió el segundo crimen, en las primeras horas del 17 de noviembre. En medio de abundante maleza quedó tendido el cuerpo de un hombre, torturado y muerto a balazos sobre una vereda que conduce a la carretera Ciudad Valles-Rioverde, desde Tamasopo; chispas de sangre seca quedaron en su espalda, estaba boca abajo, con la cabeza cubierta y evidencias de haber sufrido una muerte tormentosa.

Al amanecer del 18 de noviembre una estela de humo y peste a carne quemada horrorizó a pobladores que transitaron sobre la rúa que dirige a Cerritos desde la carretera 57; se trataba de un hombre que aún estaba en llamas cuando arribaron al sitio las corporaciones de seguridad.

Con más del 90 por ciento del cuerpo achicharrado, fue imposible conocer su identidad. Horas más tarde, el embate brutal llegaba a Soledad de Graciano Sánchez con el asesinato de un hombre cuyos restos fueron descubiertos en un solitario camino hacia San José del Barro, agentes de la Policía de Investigación (PDI) ventilaron –“off the record”- que el fallecido había enfrentado acusaciones por varios delitos; a su izquierda, le fue colocada una cartulina fluorescente con un mensaje de advertencia.

CUÁDRUPLE CRIMEN

El 19 de noviembre, en los límites de Villa de Arriaga y Pinos, Zacatecas, una emboscada dio la nota roja del primer homicidio múltiple en la semana; cuatro hombres (tres de una misma familia potosina) murieron acribillados con plomo y la camioneta en que se trasladaban quedó al fondo de un barranco cerca de la comunidad

El Cerrito

Sus cuerpos flotaron en un arroyuelo donde se mezclaban agua sucia, cerveza y vino, que trasladaban en la parte trasera de la unidad.

El más joven tenía 19 años, pero esto era apenas la antesala de una masacre avasalladora que reinó en los siguientes días.

Así, ocurrió la tortura y muerte de otro hombre, ahora en Soledad de Graciano Sánchez, el reporte policial redactado con la misma tendencia de los hechos anteriores: maniatado, con huellas de violencia y tiro de gracia.

Este individuo fue arrojado por sus captores en la intersección de Río Santiago y Periférico, donde igual desfilaron los agentes de PDI, como marca el protocolo.

MAÑANA DE REVOLUCIÓN

Mientras resonaba el popurrí revolucionario y los aromas a perfume original se entremezclaban en el Monumento a la Revolución el 20 de noviembre, la pestilencia a muerte volvía a impregnar otros rumbos del territorio potosino.

Un charco de sangre coagulaba de nuevo en esta tierra, encima yacía -con un rictus de agonía- el cuerpo de un hombre no mayor a 25 años, su cadáver fue encontrado detrás de la clínica Everardo Rojas Newman, de Soledad de Graciano Sánchez.

En la misma fecha, la FGE daba cuenta de dos muertes violentas más en la zona Huasteca, en Ciudad Valles y Tanlajás.

Un día después, dos hombres fueron ultimados a disparos en la comunidad El Mirador, de Villa de Reyes, testigos aterrados pidieron auxilio a corporaciones de seguridad porque las víctimas aún estaban con vida, pero cuando llegaron estaban muertos.

Otro deceso singular tuvo lugar el 22 de noviembre -ya entrada la noche-, cuando un hombre deambulaba herido a inmediaciones de la colonia Balcones del Valle, de la capital potosina y se desplomó.

Una hora antes había escapado del Hospital Central Ignacio Morones Prieto, a donde llegó con heridas producidas por arma de fuego; la agresión había ocurrido, horas antes, en la conflictiva colonia General I. Martínez.

EL 23 DE TERROR

Eran tres los desmembrados de esa mañana, hombres cuyas cabezas fueron colocadas frente al amasijo de restos humanos y mensajes de advertencia clavados con picahielo sobre las bolsas.

Horas más tarde, en Salinas de Hidalgo, apareció otro cuerpo con tres impactos de bala en la cabeza que fue arrojado en un camino de terracería que conduce a la comunidad de San Mateo; enseguida, en Soledad de Graciano Sánchez se daba un reporte similar, un hombre fue muerto a tiros y su cuerpo abandonado en el camino a Palma de la Cruz, de la comunidad El Dorado, estaba maniatado, con el tiro de gracia y huellas visibles de tortura.

Esa misma noche, otro sujeto fue ultimado a balazos en la colonia Los Magueyes de la capital potosina, con un amenazador mensaje escrito en cartulina.

Para terminar ese capítulo negro, dos cadáveres más fueron encontrados en la comunidad de Monte Oscuro, Mexquitic de Carmona; los hombres -jóvenes- también fueron privados de la vida con arma de fuego.

El saldo fatídico fue de ocho asesinatos, en menos de 24 horas.

HERMANOS ESPOSADOS

Cuatro días después la violencia engulló de nuevo a más víctimas, el 27 de noviembre dos hermanos fueron torturados, esposados uno al otro y finalmente asesinados con el tiro de gracia; sus cuerpos, fueron tirados en un predio baldío que se ubica detrás del motel El Edén, en periférico.

Esa misma tarde, un hombre que caminaba sobre avenida San Pedro -en Soledad de Graciano Sánchez- fue acribillado por sujetos no identificados desde un auto en movimiento; apenas dio dos pasos intentando ponerse a salvo cuando su humanidad cayó en el pavimento, y quedó inmóvil para siempre.

«SEGURIDAD IMPERFECTA»

Asediado por medios informativos para conocer su posición ante los funestos episodios en San Luis Potosí, el secretario de seguridad, Jaime Pineda, mostró un rictus de enfado y apenas pronunció que, sencillamente, “la seguridad perfecta no existe”.