El derecho a la salud no puede quedarse en el discurso
En los últimos días ha comenzado un proceso importante para el futuro económico de México: la revisión del T-MEC con Estados Unidos. Aunque a primera vista puede parecer un tema técnico o lejano, en realidad tiene efectos directos en la vida cotidiana: en los empleos, en las inversiones y en el crecimiento del país.
Vale la pena empezar por aclarar algo: el tratado no se está cancelando. El propio T-MEC establece que cada seis años debe revisarse, y esa evaluación formal ocurrirá en julio de 2026. Lo que estamos viendo ahora es el inicio real del proceso: reuniones, propuestas y la definición de los temas que cada país quiere ajustar.
Dicho de forma simple, es el momento en que México y Estados Unidos ponen sobre la mesa sus prioridades.
Estados Unidos llega con una visión más enfocada en fortalecer su propia industria. Busca que más productos se fabriquen dentro de la región, reducir su dependencia de otras partes del mundo y asegurar que el comercio le beneficie de manera directa. Esto implica reglas más claras sobre el origen de los productos y especial atención a sectores clave como el automotriz, el acero y los minerales estratégicos.




