El derecho a la salud no puede quedarse en el discurso
El pasado día 28 de diciembre, una noticia se extendió en las redes: el Tren Interoceánico se había descarrilado en el estado de Oaxaca. Muchos pensaron que se trataba de una broma de mal gusto; por desgracia, era cierto y, además, se habían perdido vidas de pasajeros. Los gobiernos de Morena han decidido poner en marcha una nueva política ferroviaria.
Sin estudios de por medio, pero con muchas ganas, López Obrador se aventó el tiro de iniciar dos proyectos: el Tren Maya y el Interoceánico. Para no batallar con eso de la transparencia y las reglas de licitación, entregó las obras al Ejército y la Marina y se puso a ocultar la información con las triquiñuelas que permiten las menguadas leyes que hoy tenemos. El nuevo gobierno carga con el costo financiero e histórico de las políticas y obras que le fueron heredadas.
Sin revisar factibilidades o hacer pausa, se continúan proyectos trazados desde la irresponsabilidad. En el caso de los ferrocarriles, se anuncian más planes, algunos de los cuales son difíciles de sostener ante la lógica más primaria. La tragedia impone al nuevo gobierno algunas tareas, y desde la Cámara de Diputados insistiremos en ellas.
Es necesario: 1. realizar una investigación independiente y profunda de lo acontecido, no solo para deslindar las responsabilidades; es urgente saber las causas del accidente, las condiciones del resto de la obra y la funcionalidad de los equipos que se usan, 2. pausar los proyectos ferroviarios actuales y futuros hasta certificar su viabilidad presupuestal, financiera, funcional y medioambiental, y 3. permitir que acudan al Poder Legislativo los funcionarios relacionados con la política ferroviaria a explicar la misma y a dar cuenta de lo sucedido el pasado diciembre en Oaxaca.
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