El INE concentra el poder, ¿y para qué?
Había una vez en Michoacán un grupo criminal que repartía despensas, obsequiaba regalos en Día de Reyes y hasta disparaba obras en los pueblos. No pocas comunidades les deben a ellos la remodelación de su iglesia, una calle o las nuevas bancas que adornan la plaza principal. Con descaro, algunos llegaron a plasmar el nombre de los líderes de la banda en las obras que entregaban.
Todo ocurría a la vista de todos, pero las autoridades prefirieron mirar hacia arriba que enfrentar el problema. Peor aún, algunos se coludieron. Fueron parte de la estructura de la organización criminal.
Un robusto archivo de audios y videos llegó a delatar el nivel de complicidad que existía. Se reunían, algunos forzados, otros por voluntad. Dialogaban, planeaban, acordaban y pactaban. No pocos políticos o hijos de ellos, aparecieron en cintas o conversaciones grabadas, pidiendo a un jefe criminal asignarle tareas para aprovechar los lazos que se tenían en los círculos del poder. Algunos se trataban hasta con familiaridad.
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