La escuela frente al celular
Tradicionalmente, solemos finalizar e iniciar el año haciéndonos una larga lista mental de buenos propósitos y deseos de toda índole; lamentablemente, una vez pasada la euforia, se nos olvida o los vamos dejando de lado.
Es necesario fijarse objetivos y realizar un plan de vida concretando las acciones a realizar. Éste binomio, no falla y nos da mayores posibilidades de lograrlos o al menos avanzar. No es fácil, he de reconocerlo, cuesta trabajo disciplinarse y sortear la incidencias que se van presentando por las circunstancias. Lo importante es determinarlo y tener la habilidad de reinventarse, re-direccionarse en aras de lograr los objetivos planteados.
Algo fundamental es fijarnos cosas concretas y realistas, de alguna manera a nuestro alcance. Decir: ¡este año voy a ser buena gente! es muy ambiguo, amorfo, abstracto, etc. Si no puntualizamos en que aspecto o sentido voy a “ser buena gente” de nada sirve; es distinto decir: voy a controlar mi temperamento en esto…. Ayudaré en esta labor de casa…. Un día a la semana haré convivencia familiar… me privaré de tal cosa para emplearlo en esto…. Etc.
Aún es tiempo de hacer una pausa para reflexionar y ver nuestro interior y visualizar cómo nos vemos o quisiéramos estar al finalizar éste año. Es decir, ¿qué esperas de ti mismo? Y determinar qué es lo que tendríamos que hacer para ello.
Estamos tan acostumbrados a vivir la vida al día que la vamos construyendo la mayoría de las veces sobre la marcha. La dinámica de los tiempos de hoy en día y el contexto de la inseguridad e incertidumbre nos adormecen, nos distraen de nuestros objetivos realmente importantes y no necesariamente urgentes.
Nuestra agenda se va llenando y saturando de cosas urgentes ya sea porque así lo sean o porque así nosotros las etiquetamos y terminamos haciéndonos patos, dándoles la vuelta o postergando las cosas.
De tal manera que las cosas verdaderamente importantes comenzamos a perderlas o a relegarlas. De tal caso que cuando nos damos cuenta y echamos la mirada atrás, quedamos -quizás- muy distantes de lo que pretendíamos.
¡La vida se nos va! Se nos olvida que el reloj biológico de la vida no deja de caminar y siempre avanza. La vida se nos va como el agua entre las manos.
Algo que nos ayudaría en éste andar, es analizar que hacemos normalmente a la semana o qué es lo que tenemos que hacer; luego determinar cuáles son importantes, es decir, las que si van a trascender y han de ocuparnos un buen porcentaje de nuestro tiempo: y por lo regular éstas no son urgentes.
Por ejemplo: me propongo estudiar un idioma, ¿es urgente esto? Pues no ¿verdad? Pero si es importante porque curricularmente me va a ayudar. Y en cambio, cuántas veces nos dejamos llevar por la presión de sacar los pendientes de la chamba (so pretextos de urgencias muchas veces mal entendidas o por consecuencias de la falta de una mayor organización), mismos que ¡nunca tendrán fin!
Evidentemente éstos son ineludibles en la mayoría de los casos; pero, el punto es darles el tiempo debido y equilibradamente para que nos hagamos y tengamos el espacio requerido para lo importante.
De lo contrario, al mirar atrás, nos preguntaremos: ¿pero qué hice en todo éste tiempo? Al ver que no tenemos nada o muy poco de lo que nos habíamos propuesto.
No dejes que la vida nos vaya llevando por doquier y a su antojo. Tomemos las riendas de nuestras vidas para hacer de ella algo bueno y trascendente, con un rumbo definido. No te llenes de buenos deseos sino de objetivos y metas alcanzables, no sueños guajiros.
A todos, les deseos que Dios les colme de bendiciones y ponga los medios en la realización de sus metas. ¡Feliz año nuevo!




