El fraude avanza en Morena

El fraude electoral que está en marcha en Morena se encuentra a la vista de todos y lo dicen sus propios dirigentes y militantes. Es un escándalo porque se trata del partido gobernante.
Si entre ellos se roban las elecciones, van a triturar a la oposición con su aplanadora de Estado en los comicios federales.
Nos comprueban que no son demócratas, sino caníbales políticos.
Cuando se habla de fraude en Morena, muchas miradas se dirigen a Gabriel García Hernández, uno de los personajes que desde hace años opera en las sombras y es de los más cercanos al presidente López Obrador.
Gabriel García Hernández fue el encargado de compras del gobierno de AMLO en el Distrito Federal, luego presidió la Asociación Civil “Honestidad Valiente”, que recolectaba dinero para su líder y el movimiento que hoy nos gobierna.
Al inicio de la administración fue nombrado Coordinador General de los conocidos como súper delegados en los estados.
Dos tareas más: coordina a los Siervos de la Nación, que recorren el país casa por casa para afiliar gente a los padrones sociales del gobierno
Y algo importante para el caso que nos ocupa: también estuvo a cargo de la elaboración del padrón de Morena.
Ahí está el personaje y las conclusiones las saca cada quien. Los hechos, sin embargo, no están a interpretación de nadie pues son irrefutables:
De los 238 congresos distritales convocados hasta ahora para sacar delegados al Congreso Nacional el próximo 23 y 24 de noviembre y elegir presidente del partido, 71 han tenido que ser canceladas.
Uno de cada tres congresos distritales ha reventado.
¿Motivos? Los enumera Eduardo Ortega, reportero de El Financiero (23-octubre): “Padrón rasurado, exclusión selectiva de líderes, cambios de sede sin avisar, intervención ilegal de Siervos de la Nación, compra de votos y, sobre todo, violencia y vandalismo (balazos y heridos, artefactos explosivos, sillazos, golpes).
Que le cuenten a otro que esos pleitos son por servir al país y a su partido: van por el botín.
A tal grado es la maquinación fraudulenta y la intervención de funcionarios gubernamentales en la disputa, que el presidente reunió el martes en Palacio Nacional a los delegados federales en los estados e hizo un anuncio que si bien se lee arranca sonrisas hasta de un niño de primaria:
“Ya no hay partido de Estado”.
Si eso fuera cierto, ¿para qué la reunión?
Les recordó que se despedirá y pondrá a disposición de la Fiscalía de Delitos Electorales a los funcionarios que se inmiscuyan en la elección de Morena.
Los súper delegados, encabezados por Gabriel García Hernández, estaban muy atentos a las advertencias presidenciales. O eso aparentaban.
Tres de las cuatro personas que aspiran a dirigir Morena han manifestado que el padrón está amañando y que no se puede ir a una elección como la que se está planteando.
Yeidkol Polevnski, Mario Delgado y Alejandro Tojas Díaz Durán, afirman que la elección se debe hacer mediante encuesta, o posponerse porque no hay condiciones.
Tienen razón: balazos, artefactos explosivos, heridos de bala en el hospital y contusiones múltiples no son formas de ponerse de acuerdo entre personas que, se supone, comparten ideales y militan en una misma causa.
La única candidata que está por la elección abierta, como se hará, es Bertha Luján, que va última en las encuestas entre morenistas, pero sale airosa y con el pulgar en alto de las asambleas a las que acude.
A Mario Delgado, en cambio, no lo dejaron entrar a la que le correspondía, en la Ciudad de México.
Polevnski, presidenta del partido, anunció que las elecciones se posponían hasta el próximo año por falta de garantías.
Y el presidente de la Comisión y Justicia de Morena, Héctor Díaz Polanco, emitió un comunicado en el que desautoriza a la dirigente del partido y se sostiene la fecha de noviembre.
Díaz Polanco, como se recordará, es un abierto promotor de la revolución bolivariana de Venezuela y ha manifestado su anhelo de concretarla en México. Polevnski, también.
Así está el cochinero en Morena.
Ya no le pueden echar la culpa a “los Chuchos” ni a los “Amalios”.
Son ellos, los lopezobradoristas, los que se hacen fraude entre sí.
Hasta de sillazos y balazos se dan. No una o dos veces, sino en 71 asambleas.
Y son ellos los que tienen el control del aparato del gobierno que nos garantiza “elecciones democráticas y equitativas en el 2021”, cuando se jueguen la mayoría en la Cámara de Diputados ante la oposición.